martes, 23 de septiembre de 2014

“Una siesta de doce años”. Carles Capdevila.Escuela de Madres y Padres.


“Una siesta de doce años”.  
Carles Capdevila 
Es licenciado en filosofía y periodista.
 diario Avui el 29 de octubre de 2009.
 Escuela de Madres y Padres.

Educar debe de ser una cosa parecida a espabilar a los niños y frenar a los adolescentes. Justo lo contrario de lo que hacemos: no es extraño ver niños de cuatro años con cochecito y chupete hablando por el móvil, ni tampoco lo es ver algunos de catorce sin hora de volver a casa.
Lo hemos llamado sobreprotección, pero es la desprotección más absoluta: el niño llega al insti sin haber ido a comprar una triste barra de pan, justo cuando un amigo ya se ha pasado a la coca.
Sorprende que haya tanta literatura médica y psicopedagógica para afrontar el embarazo, el parto y el primer año de vida, y que exista un vacío que llega hasta los libros de socorro para padres de adolescentes, esos que lucen títulos tan sugerentes como Mi hijo me pega o Mi hijo se droga . Los niños de entre dos y doce años no tienen quien les escriba.
Desde que abandonan el pañal (¡ya era hora!) hasta que llegan las compresas (y que duren), desde que los desenganchas del chupete hasta que te hueles que se han enganchado al tabaco, los padres hacemos una cosa fantástica: descansamos. Reponemos fuerzas del estrés de haberlos parido y enseñado a andar y nos desentendemos hasta que toca irlos a buscar de madrugada a la disco. Ahora que al fin volvemos a poder dormir, y hasta que el miedo al accidente de moto nos vuelva a desvelar, hacemos una siesta educativa de diez o doce años.
Alguien se estremecerá pensando que este período es precisamente el momento clave para educarlos. Tranquilo, que por algo los llevamos a la escuela. Y si llegan inmaduros a primero de ESO que nadie sufra, allá los esperan los colegas de bachillerato que nos los sobreespabilarán en un curso y medio, máximo dos. Al modelo de padres que sobreprotege a los pequeños y abandona los adolescentes nadie los podrá acusar de haber fracasado educando a sus hijos. No lo han intentado siquiera.
Los maestros hacen algo más que huelga o vacaciones, y la educación es bastante más que un problema.
Pido perdón tres veces: por colocar en un título tres palabras tan cursis y pasadas de moda, por haberlo hecho para hablar de los maestros, y, sobre todo sobre todo, porque mi idea es -lo siento mucho- hablar bien de ellos.
Sé que mi doble condición de padre y periodista, tan radical que sus siglas son PP, me invita a criticarlos por hacer demasiadas vacaciones (como padre) y me sugiere que hable de temas importantes, como la ley de educación (es lo mínimo que se le pide a un periodista esta semana).
Pero estoy harto de que la palabra más utilizada junto a escuela sea ‘fracaso’ y delante de educación acostumbre a aparecer siempre el concepto ‘problema’, y que ‘maestro’ suela compartir titular con ‘huelga’. La escuela hace algo más que fracasar, los maestros hacen algo más que hacer huelga (y vacaciones) y la educación es bastante más que un problema. De hecho es la única solución, pero esto nos lo tenemos muy callado, por si acaso.
Mi proceso, íntimo y personal, ha sido el siguiente: empecé siendo padre, a partir de mis hijos aprendí a querer el hecho educativo, el trabajo de criarlos, de encarrilarlos, y, mira por donde, ahora aprecio a los maestros, mis cómplices. ¿Cómo no he de querer a una gente que se dedica a educar a mis hijos?
Por esto me duele que se hable mal por sistema de mis queridos maestros, que no son todos los que cobran por hacerlo, claro está, sino los que son, los que suman a la profesión las tres palabras del título, los que mientras muchos padres se los imaginan en una playa de Hawai están encerrados en alguna escuela de verano, haciendo formación, buscando herramientas nuevas, métodos más adecuados.
Os deseo que aprovechéis estos días para rearmaros moralmente. Porque hace falta mucha moral para ser maestro. Moral en el sentido de los valores y moral para afrontar el día a día sin sentir el aprecio y la confianza imprescindibles. Ni los de la sociedad en general, ni los de los padres que os transferimos las criaturas pero no la autoridad.
¿Os imagináis un país que dejara su material más sensible, las criaturas, en sus años más importantes, de los cero a los dieciséis, y con la misión más decisiva, formarlos, en manos de unas personas en quienes no confía?
Las leyes pasan, y las pizarras dejan de ensuciarnos los dedos de tiza para convertirse en digitales. Pero la fuerza y la influencia de un buen maestro siempre marcará la diferencia: el que es capaz de colgar la mochila de un desaliento justificado junto a las mochilas de los alumnos y, ya liberado de peso, asume de buen humor que no será recordado por lo que le toca enseñar, sino por lo que aprenderán de él.
FUENTE:
ADOLESCENTES

Guía para padres y madres
http://www.asturias.es/Asturias/ARTICULOS/adolescentes-guia.pdf

lunes, 22 de septiembre de 2014

5 razones por las que la crianza moderna está en crisis. EMMA JENNER. TEXTOS PARA PENSAR Y DEBATIR. ESCUELA DE MADRES Y PADRES




5 razones por las que la crianza moderna está en crisis
EMMA JENNER

Autora de ‘Keep Calm and Parent On’


En general, soy una persona bastante optimista. Tiendo a creer que todo va a salir bien, a menos que las pruebas indiquen totalmente lo contrario; cualquiera que me conozca bien te dirá que no suelo dramatizar. Este es el motivo por el que cuando afirmo que la crianza moderna está en apuros, en crisis incluso, espero que me escuchen, y que me escuchen bien. He trabajado con niños y padres en dos continentes y durante dos décadas, y lo que he visto en los últimos años me alarma. Estos son los mayores problemas que veo:
1. Tenemos miedo a nuestros hijos
Suelo hacer una prueba por las mañanas en la que observo cómo un padre da el desayuno a su hijo. Si el niño dice: "¡Quiero la taza rosa, no la azul!" aunque la madre ya haya echado la leche en la azul, trato de observar con cuidado la reacción de la mamá. La mayoría de las veces, se pone pálida y vierte el contenido en la taza que el niño prefiere antes de que le dé un berrinche. ¡Error! ¿De qué tenéis miedo? ¿Quién manda de los dos? Deja que llore si quiere, y vete de ahí para no escuchar el llanto. Pero, por favor, no trabajes de más sólo para agradar al niño. Y, lo más importante, piensa en la lección que le estás enseñando si le das todo lo que quiere sólo por ponerse a llorar.
2. Hemos bajado el listón
Cuando los niños se comportan mal, ya sea en público o en privado, los padres tienden a encogerse de hombros como diciendo: "Así son los niños". Te aseguro que no tiene por qué ser así. Los niños son capaces de mucho más de lo que los padres normalmente esperan de ellos, en cuanto a sus modales, al respeto por los mayores, las tareas del día a día, la generosidad o el autocontrol. ¿Crees que un niño no puede quedarse sentado durante la cena en un restaurante? Nada de eso. ¿Crees que un niño no es capaz de quitar la mesa sin que se lo pidan? De nuevo, no es así. La única razón por la que no se portan bien es porque no les has mostrado cómo hacerlo y porque no esperas que lo hagan. Así de simple. Pon el listón más alto y tu hijo sabrá cómo comportarse.
3. Hemos perdido las costumbres del pueblo
Antes, los conductores de autobús, los maestros, los tenderos y otros padres solían tener carta blanca para corregir a un niño maleducado. Actuaban como ojos y oídos de la madre y el padre si los niños estaban fuera de su vista, y todo el mundo colaboraba por un interés común: criar de forma adecuada a niños y niñas. Todo el pueblo se volcaba. En la actualidad, si a alguien que no es padre del niño en cuestión se le ocurre regañarlo, a los padres no les hace ninguna gracia. Quieren que su hijo parezca el niño perfecto, y por eso no aceptan que los maestros u otras personas digan lo contrario. Montarán en cólera e irán a hablar con el profesor antes que con su hijo por haberse portado mal en clase. Sienten la necesidad de proyectar una imagen perfecta al mundo y, por desgracia, su inseguridad se ve reforzada porque muchos padres se juzgan entre sí. Si un niño se pone a berrear, todas las cabezas se girarán hacia la madre con una mirada reprobadora. En su lugar, debería ser respaldada, porque hay muchas posibilidades de que el berrinche haya tenido lugar por no haber cedido ante alguna de las exigencias de su niño. Más bien, esos observadores deberían decirle: "Buen trabajo. Sé lo difícil que resulta poner límites".
4. Confiamos demasiado en los atajos
Me parece maravilloso que los padres tengan todo tipo de aparatos electrónicos para entretenerse en un vuelo o en la sala de espera del médico. También es fabuloso que podamos pedir nuestra compra online, y que podamos calentar comida sana a golpe de microondas. Los padres están más ocupados que nunca, y estoy totalmente a favor de tomar el camino fácil siempre que sea necesario. Pero los atajos también pueden ser una pendiente resbaladiza. Cuando descubres lo bien que Caillou entretiene al niño en un avión, que no te tiente la idea de ponerle los dibujos en un restaurante. Los niños también tienen que aprender a ser pacientes. Tienen que aprender a distraerse ellos solos. Tienen que aprender que no toda la comida va a estar siempre caliente y lista en menos de tres minutos y, si es posible, también tienen que aprender a ayudar en la cocina. Los bebés tienen que aprender a tranquilizarse solos; no hay que sentarlos en una silla vibradora cada vez que se pongan quisquillosos. Los niños tienen que aprender a levantarse cuando se caen, en vez de subir los brazos para que mamá y papá les cojan. Enseña a los niños que los atajos pueden servir de ayuda, pero que resulta muy satisfactorio hacer las cosas por la vía lenta.
5. Los padres ponen las necesidades de los hijos por encima de las suyas
Naturalmente, los padres tienden a cuidar de sus hijos en primer lugar, y esto es bueno para la evolución. Yo defiendo la idea de crear un horario que se ajuste a las necesidades del niño, y que la alimentación y la ropa del niño sean prioritarias. Sin embargo, los padres de hoy en día han ido demasiado lejos, sometiendo sus propias necesidades y salud mental a las de sus hijos. Cada vez con más frecuencia veo a mamás que se levantan de la cama cada dos por tres para satisfacer los caprichos del niño. O a papás que lo dejan todo y se recorren el zoo de punta a punta y a toda prisa para comprarle a la niña una bebida porque tiene sed. No pasa nada por no levantarte en mitad de la noche para darle otro vaso de agua a tu hijo. No pasa nada si el papá del zoo dice: "Claro que vas a beber agua, pero vamos a tener que esperar hasta llegar a la próxima fuente". No pasa nada por utilizar la palabra no de vez en cuando, ni hay nada malo en pedirle a tu hijo que se entretenga solo unos minutos porque mamá quiere usar el baño en privado u hojear una revista.
Temo que si no empezamos a corregir, y pronto, estos cinco errores graves, los niños que estamos criando crecerán y se convertirán en adultos arrogantes, egoístas, impacientes y maleducados. No será su culpa, sino la nuestra. No les hemos enseñado otra cosa, nunca hemos esperado nada más de ellos. Nunca quisimos que se sintieran incómodos y, cuando es inevitable que sientan alguna molestia, no se ven preparados para ello. Por tanto, pido por favor a todos los padres y cuidadores del mundo que exijan más a los niños. Que esperen más de ellos. Que les hagan partícipes de sus luchas. Que les den menos. Que les pongan rectos y que, juntos, les preparemos para que tengan éxito en el mundo real, y no en el mundo protegido que hemos creado para ellos.

domingo, 21 de septiembre de 2014

El Águila y el Halcón.Leyenda Sioux.


El Águila y el Halcón.Leyenda Sioux. 
Cuenta una vieja leyenda sioux que una vez llegó hasta la tienda del brujo más viejo de la tribu una pareja de enamorados de la mano: Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.



- "Nos amamos", empezó el joven.

- "Y nos vamos a casar", dijo ella.

- "Y nos queremos tanto que tenemos miedo."

- "Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán."

- "Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos."

- "Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte."

- "Por favor", repitieron, "¿hay algo que podamos hacer?"

El viejo los miró y le emocionó verles tan jóvenes, tan enamorados...

- "Hay algo...", dijo el viejo después de una larga pausa. "Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada."

- "No importa", dijeron los dos.

- "Lo que sea", ratificó Toro Bravo.

- "Bien", dijo el brujo. "Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Luego deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena."

- "Y tú, Toro Bravo", prosiguió el brujo, "deberás escalar la Montaña del Trueno y, cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, atraparla sin herirla y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta... ¿Comprendísteis?"

La pareja asintió y el anciano chamán hizo un gesto indicando que no tenía más que decir. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron, ante la aprobación del viejo, los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos, sin duda lo mejor de su estirpe.

- "¿Volaban alto?", preguntó el brujo.

- "Por supuesto, como lo pediste... ¿y ahora?", preguntó el joven. Esperamos un sacrificio, ¿hemos de matarlos, qué hemos de hacer?"

- "No", dijo el sabio anciano. "Haced lo que os digo. Tomad las aves y atadlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayáis anudado, soltadlas y que vuelen libres."

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el suelo. Unos minutos después, frustradas, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

- "Este es el conjuro. Jamás olvidéis lo que habéis visto. Sois como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a hacerse daño el uno al otro. Si queréis que vuestro amor perdure volad juntos pero jamás atados".





viernes, 19 de septiembre de 2014

NUESTRO COMEDOR ESCOLAR CURSO 2014/15.


NUESTRO COMEDOR ESCOLAR CURSO 2014/15. 
Dos grandes profesionales de la cocina, madre y padre de alumn@s del Colegio poniendo todo el cariño y su buen hacer en el comedor del Colegio

Menú día 19 Septiembre.
Espirales de Verdura con Tomate
Atún encebollado
Fruta Fresca del tiempo. 
MENÚ DEL COMEDOR DEL CENTRO POR MES...


Ir a la web del Colegio.. 





miércoles, 17 de septiembre de 2014

Saca el niño que llevas dentro Conchi Aguilera. Médico. El Correo de Andalucia


Saca el niño que llevas dentro

Conchi Aguilera. Médico

La forma en que consigues divertirte depende de cómo seas. En general, solemos reírnos de lo que le pasa a otro, como cuando hace el ridículo al caerse o mancharse. También solemos reírnos de situaciones cotidianas de los niños pequeños. Y los más inteligentes, pueden llegar a reírse de sí mismos, y, claro, así tienen la diversión asegurada.
Divertirse un ratito al día debería ser una asignatura pendiente que tendría que darse en el colegio. Desde pequeños necesitamos entrenarnos en lo importante de verdad en la vida, que es, sobre todo, pasarlo lo mejor posible cada día. Los niños pequeños son más inteligentes, en general, que los adultos y lo hacen sin que nadie les enseñe. Juegan con todo, se ríen con facilidad, y sufrir sufrir, en realidad, no saben. A los adultos se nos olvida al crecer esa gran capacidad que teníamos en la infancia, cuando nos lo pasábamos bien tan sólo jugando a meter los pies en un charco. ¿Quién no lo ha pasado bien alguna vez metiendo los pies en un charco? Nos interesaba todo y, como si fuera el descubrimiento más grande del mundo, nos maravillaba y nos divertía cualquier actividad cercana a nosotros.
La capacidad para divertirnos va en función de lo que seamos capaces de conservar de aquella inocencia de los niños. No es necesario dejarla en el olvido al hacernos mayores. Hay que tener siempre presente que si conseguimos divertirnos más, tendremos mejor rendimiento en todo nuestro cuerpo y mente.
No siempre es fácil conseguir mantenerse contento y con actitud de ánimo en las tareas rutinarias y cotidianas diarias. Es importante sincerarte contigo mismo, preguntarte para qué y por qué vives, conseguir mantener una pizca de alegría al día y reírte con facilidad. También, recuerda cuando haya salido algo bien en tu vida, seguro que estabas contento, animado y te divertía lo que hacías en ese momento. Si, además, añades el poder de tener contentos a los que tienes cerca, ya eres un superhéroe. No sólo Superman hacía proezas y maravillaba a todos salvando al mundo. Tú puedes hacer mejores obras si los que están contigo disfrutan o se divierten con tus ocurrencias, porque eso es una gran obra: conseguir transmitir ánimo y alegría a tu alrededor.
Se solucionan más problemas en el mundo con alegría que con tristezas. Se tiene que mantener esa fuerza de ánimo por encima de todo, porque el mundo se ha movido siempre por gente idealista, positiva y que se divertía haciendo su trabajo. Todos cambiamos el mundo si podemos aportar ánimo, diversión y optimismo. Son los mejores aparatos para facilitar la vida a los demás. Como tú, yo cada día intento y, muchas veces, consigo divertirme con todo lo que hago. Y mi reflexión profunda es que este día ha sido muy importante porque he conseguido pasarlo bien.
FUENTE:

martes, 16 de septiembre de 2014

Vivir la Historia. Antonio Gala



 Vivir la Historia. Antonio Gala


CONOCER la Historia a fondo es muy difícil: hay demasiados aspectos y causas que se nos escapan. Ser testigo de momentos históricos es como acercarse tanto a un rostro que sólo percibamos de él el pliegue de un párpado, el mórbido lóbulo de una oreja, o el surco de una arruga:no es eso un rostro, o no todo un rostro. Por el contrario, alejarse del bosque para verlo es otra forma de falseamiento;la perspectiva lo simplifica todo; aprender la Historia desde fuera de su espacio y su tiempo es convertirla en un sumario frío. Los hechos históricos -si la Historia es una suma de hechos, que no creo- son reclamados desde abajo por fuerzas anónimas, como las olas de un maremoto, que quebrantan las reglas de la luna y se yerguen desde inexplicables profundidades. (Quizá serían previsibles si extrajéramos los datos de tales profundidades; pero ésa es otra historia, más incognoscible aún que la superficial.) De ahí que tendamos a resumir y a personificar. 
La Historia requiere un hombre a veces, alguien a quien atribuir sus cambios;sin embargo, no es él quien suscita los grandes movimientos, sino quien los recoge, o quien escucha antes el sordo rumor que los precede. Porque nada avanza por saltos;lo que ocurre es que ignoramos determinados eslabones de la cadena.
FUENTE:
La historia es ciencia del hombre; y también de los hechos, sí. Pero de los hechos humanos. La tarea del historiador : volver a encontrar a los hombres que han vivido los hechos y los que, más tarde, se alojaron en ellos para interpretarlos en cada caso.
LUCIEN FEBVRE. De Combates por la historia

viernes, 12 de septiembre de 2014

"Libre te quiero".POEMA DE AGUSTÍN GARCÍA CALVO. CANTA AMANCIO PRADA. Educando en Igualdad.


 "Libre te quiero"
POEMA DE AGUSTÍN GARCÍA CALVO. 
CANTA AMANCIO PRADA

"Educando en Igualdad"


Libre te quiero
como arroyo que brinca
de peña en peña.

Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.




Al mismo paso las mujeres y los hombres.Al mismo paso los niños y las niñas
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