viernes, 23 de diciembre de 2011

Navidad y patera Luis García Montero

  Navidad y patera 

Luis García Montero

Mi hija Elisa pasó toda la tarde de ayer dedicada a los preparativos de la Navidad. Subió al trastero con su madre, buscó el pino artificial y las cajas donde guardamos los adornos y las figuritas del belén.

Madre e hija ordenaron por tamaños las ramas del pino, prepararon el tronco y formaron el árbol. En una esquina del salón, con la puerta cerrada para que no entrase el gato, la vida familiar se fue llenando de guirnaldas, bolas de cristal, corazones, muñequitos y lámparas de colores. Desde la ventana de casa, se veía también la alegría callejera, la sonrisa de los adornos que cuelgan sobre los coches, las farolas y las aceras. Las llamaradas de la fiesta suavizan el frío de la ciudad.

Cuando la oscuridad encendió las luces en la calle -porque es la oscuridad la que enciende siempre las luces-, Elisa y su madre estaban todavía en la mesa grande del comedor, con un papel y un bolígrafo, diseñando los paisajes y la disposición del belén. Las figuritas vigilaba, ordenadas y dispuestas en grupos (el misterio, los Reyes, los pastores, los oficios, los animales), encima del aparador. Cuidado con el gato, fue la frase que más se oyó en la casa. Cada vez que alguien abría o cerraba la puerta, era necesario recordarnos que nuestro gato Negrín está especializado en cazar figuritas y adornos navideños.

El belén es cosa seria en la familia. Desde que era niña, la madre se especializó en hacer hermosos belenes, y la hija ha seguido la tradición. Todos los años enriquecen una geografía de barro, musgo, papel de plata y miniaturas de madera. La religión ocupa poco lugar en nuestras costumbres, pero las costumbres familiares son una especie de religión para resistirnos a las transformaciones sociales que más nos asustan. Anoche quedó todo preparado para la gran obra de ingeniería navideña.

Esta mañana, en el desayuno, nos hemos enterado por la televisión que una mujer ha dado a luz en una patera. Para huir de la pobreza, en una especie de Arca de Noé, se habían encerrado 38 personas, entre ellas 7 mujeres embarazadas. Cuando la Guardia Civil los rescató y los llevó al puerto de Motril, descubrió que una de las mujeres había dado a luz en medio del diluvio, o del naufragio, o de la aventura embarrancada. La madre y la niña están ahora en un hospital de Motril. Un guardia civil hizo con su pecho de mula y de buey para darle calor a la recién nacida. Los compañeros de viaje fueron conducidos a un centro de internamiento.

- Vaya, eso si que es un belén, dice Elisa.
- En efecto, un belén y un gato.

- ¿A ver? ¿Qué me dices?

- Es un belén, porque el nacimiento representa eso. Una mujer pobre, sin papeles, da a luz en un pesebre. Así que esta noticia es una versión navideña propia del año 2010. Pero también es un gato. Cuando nos preparamos para celebrar la navidad, adornar la vida, cantar villancicos, invadir los grandes almacenes, las joyerías, las tiendas de regalos, llega la realidad como un gato y nos destroza la falsa inocencia de nuestro belén.
- Sí –Elisa se pone seria-. La verdad es que a veces las noticias parecen una parábola. La vida coloca una patera entre las tarjetas de crédito. ¿Cómo es el ripio de la Biblia en verso que tanto te gusta?

- Jesucristo nació en un pesebre, / donde menos se piensa salta la liebre.

Antes de irse al colegio, Elisa me pregunta por Herodes. Yo le hablo de Herodes, y de la extraña terquedad de la vida, que abre sus ojos en cualquier circunstancia y ante cualquier espada.

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