El que hizo el lápiz cuando lo terminó de hacer le dijo:
Fuiste hecho para grandes cosas…no pierdas el propósito para el cuál te he creado…
Te he hecho para cosas extraordinarias NO TE HE HECHO para cosas simples y sin valor en la vida, te hecho para cosas muy especiales pero hay siete principios que deben de determinar tu existencia:
1. Primer principio, Caja. Estarás mucho tiempo en la Caja y creerás que no sirves para nada o que tu vida no tiene sentido porque estás allí encerrado. Recuerda en mi tiempo te sacaré para usarte a mi manera. Solo espera mi tiempo.
2. Segundo principio, Mano. Harás cosas grandiosas, pero solo si te dejas sostener en mi mano. Muchos querrán tomarte para rayar muebles, paredes o puertas de baño, pero no fuiste para eso. Deja que quién te creó tome en su mano y te use.
3. Tercer principio, Sacapuntas. Cada vez que quiera hacer algo nuevo contigo te sacare punta con mi sacapuntas. Experimentarás el dolor cada vez que lo haga, creerás que te estoy aniquilando o castigando. No, solo te estoy sacando punta para algo grande.
4. Cuarto principio, Borrador. Cometerás muchos errores en la vida. Sin embargo recuerda que te he puesto un borrador para que cada vez que los cometas, simplemente bórralos y vuelvelos a escribir. Ante los errores en la vida usa tu cabeza.
5. Quinto principio, Mina o Grafito. La parte más importante de ti es la que llevas dentro de ti. Por fuera te pueden rallar, quitar la pintura o morder, pero eso no es lo importante. Lo más valioso está dentro de ti. Sobre toda cosa guardada, Guarda tu corazón porque de él mana la vida.
6. Sexto Principio, Marca. En cualquier superficie que seas usado, tendrás que dejar tu marca. No importan las circunstancias o las condiciones, deberás continuar escribiendo. Que todos sepan que pasaste por ahí.
7. Séptimo principio, Quiebre o Quebrantamiento. Habrá momentos en la vida en que personas, eventos o circunstancias te partirán en uno, dos o tres pedazos. Cuando eso suceda creerás que ya no vale la pena seguir porque tu vida ha sido partida. Pero, recuerda: con mi sacapuntas podré sacarle punta a los pedazos de tu vida. Y estaré listo a hacer más cosas con los pedazos de tu vida que cuando eras de una sola pieza.
Catedrático de Secundaria y Profesor de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla
Reconociendo los avances, claramente puede decirse que la eficiencia de la escuela para producir una alfabetización crítica de la población es manifiestamente mejorable
Hay un gran consenso entre los docentes a la hora de señalar a la lectura comprensiva, la expresión oral y escrita o el cálculo y razonamiento, como los principales problemas que dificultan la adquisición de conocimiento por parte de los alumnos. A este respecto, por cierto, también hay consenso en considerar que las denominadas pruebas Escala, que desde hace varios años realiza por estas fechas la Consejería de Educación para comprobar el nivel de competencia del alumnado, son perfectamente prescindibles: no nos dicen nada que no sepamos y realmente contribuyen poco a la solución de los problemas que se pretenden detectar. Su persistencia no se justifica por su utilidad.
El caso es que, al margen ahora de la supuesta virtualidad de las pruebas, sin necesidad de ellas, los docentes saben que las deficiencias en estos recursos instrumentales son la pieza clave que explica el fracaso académico de muchos alumnos y la ralentización del logro en la adquisición de conocimientos, y saben que en este asunto estamos lejos de alcanzar las metas deseables y esperables. Reconociendo los avances producidos en los últimos cincuenta años, claramente puede decirse que la eficiencia de la escuela para producir una alfabetización crítica de la población, es manifiestamente mejorable.
Entre otros objetivos, la sociedad encomienda al sistema educativo promover en los alumnos la capacidad de razonamiento, así como la adquisición de conocimientos que ayuden a entender y discernir sobre el mundo social y material. Para ello resulta imprescindible el manejo de los códigos de la comunicación con los que se expresa y transmite la cultura, es decir, entender lo que se lee, explicar lo que se quiere decir, entender lo que se oye y razonar sobre lo que queremos saber; sin ese dominio, es mucho más difícil el ejercicio de la ciudadanía y la adquisición de conocimiento.
Se dice que el actual modo de vida de los jóvenes es un pesado hándicap para formar en habilidades que requieren una disposición muy diferente. Sin embargo, habiendo mucho de cierto en ello, tal cosa no puede ser una excusa o justificación, pues hoy el encargo de la sociedad es el de alfabetizar a esos niños y jóvenes, no a los de hace 50 años.
Ahora bien, no es menos cierto que la actual estructura de la escolarización, con sus horarios rígidos, asignaturas cerradas, gestión muy burocratizada, exámenes convencionales… lejos de aportar la solución, está convirtiéndose en parte del problema. Siendo el conocimiento un asunto complejo, la institución escolar tiende a simplificarlo. Transmitiendo a los alumnos la idea de que saber consiste meramente en reproducir lo que otros saben, el texto no se lee, se copia; las ideas no se escriben, se imprime lo que otro ha escrito. Si miramos los libros de texto y buena parte de las rutinas que se practican en el aula, las llamadas actividades no consisten realmente en pensar sobre una pregunta o problema, sino en buscar la página en la que se encuentra la respuesta. Generalmente los alumnos no estudian, es decir, no trabajan sobre un problema de conocimiento, sino que preparan exámenes. Y los exámenes, ya se sabe, no son exactamente un recurso para dar cuenta del conocimiento que se tiene sobre un asunto, sino para reproducir lo más fielmente posible lo que el profesor les dijo o lo que consta en los apuntes tomados de internet o en las páginas del libro de texto. En realidad, cuando, por ejemplo, se pregunta por las causas de la revolución industrial, la pregunta es dime las cuatro causas de la revolución industrial que te dije ayer. De esta forma, leer, escribir, hablar, escuchar y pensar, son tareas que acaban siendo prácticamente actividades extraescolares.
Se habla mucho del fracaso escolar refiriéndose al rendimiento de los alumnos, pero quizás sea más importante pensar sobre el fracaso de un sistema que en los albores del siglo XXI funciona de la misma forma que en el siglo XIX. Contengamos la irrefrenable tendencia a señalar culpables -generalmente, se dice, los docentes-. Vale más analizar los problemas y tomar nota de las múltiples experiencias que se vienen sucediendo en España y en otros países. A este respecto tanto en los medios de comunicación generales como en los profesionales se viene dando cuenta de tendencias prometedoras que, inequívocamente, pasan por cambios significativos en la estructura actual de la escolarización. Cambios de calado que no pueden producirse de la noche a la mañana pero que son viables si se establecen objetivos y estrategias. Para estos cambios es necesario apelar a la política, a la política educativa y a otras, pues, por sí solas, las escuelas y los profesores carecen de los recursos que requiere su reforma. Esperemos, por cierto, que el pacto educativo no sea el parto de los montes.
Todos hemos tenido una maestra o un maestro que recordamos de manera entrañable por su ternura o su paciencia; los hubo y los habrá que no, que los recordemos por su firmeza o exigencia, pero todos tienen un denominador común, todos han sido habitantes del planeta escuela.
Son personas como tú y como yo, salvo que a ellos les exigimos un extra de autocontrol, de sobre atención con cada uno de nuestros hijos y un extra de tiempo y calma ante las exigencias del sistema. Y no, no creo que sean súper héroes ni súper villanos, son seres normales y corrientes; son madres, son padres y algunos hasta abuela o abuelo. Son de carne y hueso; sienten, sufren y padecen como cualquiera.
Los docentes también lloran de pena al decir adiós a sus alumnos: te conozco, te acompaño, te guió, te cuido, te respeto y te educo, para luego decirte adiós una y otra vez. Cambian las caras, los nombres, las historias, pero todo se repite con una cadencia de ciclos entrañables, una y otra vez.
Los docentes también lloran de dolor al saberse menospreciados o agredidos tan sólo por ejercer su trabajo, de convivir con el insulto o la falta de respeto, y a pesar de ser inmerecido, soportan la carga como si fuera parte de su mochila. Os aseguro que un docente no recibe formación específica para soportar reproches. Eso no se estudia en ninguna asignatura, eso se aprende a base de experiencias a veces muy ingratas.
Los docentes también lloran de impotencia cuando ven que no consiguen sacar de sus alumnos todo lo que saben que pueden llegar a dar; y se revuelven entre técnicas de motivación, de refuerzos imaginarios, de paciencia infinita, de inventos caseros pensados para esos alumnos que no olvidan incluso estando fuera de la escuela. Eso sí que es llevarse el trabajo a casa, pero en el alma.
Los docentes también lloran de frustración; esos noveles que llegan a las aulas queriendo comerse el mundo con tal intensidad que terminan muchas veces sin saber por qué ni cómo, pero al final es el mundo quien les ha comido a ellos. Sus expectativas más idealizadas chocan contra el muro de la rutina y del sistema, dando al traste con muchas de sus ilusiones.
Los docentes también lloran de desesperación hasta obtener una plaza definitiva, llevando siempre en la maleta el estigma de los inicios de la profesión. Aquí te toca aquí te aguantas; da igual que te venga bien o mal, que tengas hijos, proyectos o familiares que te necesiten. No importa, hay que estar disponibles, siempre disponibles.
Los docentes también lloran de amor, de alegría y satisfacción cuando cada curso sienten que su empeño ha servido para ir más allá de la didáctica académica. Cuando ven su esfuerzo en el proceso y en los resultados. Cuando en muchos casos han surgido lazos con sus alumnos o familias que traspasan de lo profesional a lo personal. Siempre hay un recuerdo especial que conecta con cada una de las personas que pasan por sus aulas. Es increíble. ¿Cómo se puede guardar tanto cariño en un sólo corazón?
Detrás de cada docente hay una historia de vida, de obstinación incluso hasta llegar a ejercer su carrera, su profesión, su decisión de vida; porque ser y dedicarse a la docencia no es una causalidad, es más bien una actitud muy premeditada.
Después de la familia directa, las educadoras y las maestras son las primeras figuras de apego de nuestros hijos fuera de casa. Con ellas se adaptan a un mundo nuevo de experiencias, de destrezas y herramientas, de fichas, de bocadillos imposibles de recomponer y de zumos desparramados sin control por el aula. Son quienes como por arte de magia adentran a nuestros hijos en el maravilloso mundo de las letras, los números, los colores y de las primeras palabras raras. Se crea entre ellos un lazo invisible trenzado a base de normas, sonrisas y mucha complicidad.
Los días viajan en el tiempo llevando la práctica docente como referente una mañana tras otra, tragando saliva, dolor de garganta, tirando del “buenos días con alegría” como si nunca les pasara nada, como si algo sobre humano les hubiera inmunizado de las penas propias y ajenas… y nada más lejos de la realidad. Soportan lo insoportable incluso a veces más allá de lo razonable, pero sólo son personas, sólo eso.
Nunca olvidemos de dónde venimos ni a quiénes debemos lo mucho que hoy somos y sabemos; porque todo lo que se enseña con cariño se conserva en la retina de los buenos recuerdos.
Gracias Docentes, hoy queremos que vuestras lágrimas sean también nuestras.
EL TRABAJO INFANTIL EN EL MUNDO. MANO DE OBRA. EDUARDO GALEANO.
Datos y cifras
El número global de niños en situación de trabajo infantil ha disminuido de un tercio desde el año 2000, pasando de 246 millones a 168 millones. De los cuales más de la mitad, es decir 85 millones efectúan trabajos peligrosos (contra 171 millones en el año 2000).
La región de Asia y el Pacífico continúa registrando el número más alto de niños (casi 78 millones o 9,3% de la población infantil), pero el África Sub-sahariana continúa siendo la región con la más alta incidencia de trabajo infantil (59 millones, más del 21%).
En América Latina y el Caribe, existen 13 millones (8,8%) de niños en situación de trabajo infantil, mientras que en la región del Medio Oriente y África del Norte hay 9,2 millones (8,4%).
La agricultura continúa siendo de lejos el sector con el mayor número de niños en situación de trabajo infantil (98 millones, o 59%), pero el número de niños en los servicios (54 millones) y la industria (12 millones) no es insignificante – la mayoría se encuentra principalmente en la economía informal.
Se registró una disminución del 40% del trabajo infantil en las niñas desde el año 2000, mientras que en los niños la disminución es del 25%.
Fuente: Medir los progresos en la lucha contra el trabajo infantil - Estimaciones y tendencias mundiales 2000-2012 (OIT-IPEC, 2013).
"No existe algo que pueda identificarse
como escuela tradicional en oposición a
una supuesta nueva escuela. El trabajo por
proyectos tiene cien años y la escuela
progresista basada en las metodologías de
Dewey fue mayoritaria en los Estados
Unidos en los años treinta. De hecho
producir auténtica innovación es mucho
más difícil de lo que parece. Conviene
diferenciar la necesidad que algunas
escuelas tienen de mostrarse distintas con
el rigor científico.
Propongo un sencillo ejercicio. ¿En qué
fecha creen que fue escrito el siguiente
texto?: «los adultos de mañana se
enfrentarán con problemas cuya naturaleza
hoy no nos podemos imaginar. Tendrán
que vérselas con trabajos que aún no han
sido inventados. Necesitan un curriculum
que les enseñe a hacer preguntas, a
explorar, a interrogarse, a reconocer la
naturaleza de los problemas y cómo
resolverlos». Parece de la mayor
actualidad, pero fue escrito por Peter
Mauger en 1966.”
Gregorio Luri, filósofo y pedagogo
navarro, entrevista publicada el
13-4-16. ABC.
Ella tenía doce años y era alumna de la escuela de la calle Monte Caseros:
-Es un concurso de novelas. Las escribimos nosotros, los del sexto grado.
-Glup -dije.
-Te esperamos mañana -mandó.
Y fui.
Los novelistas eran un enjambre de chiquilines que hablaban todos a la vez.
El maestro Oscar, puños raídos, sueldo de faquir, los dejaba hacer. Ellos habían organizado aquel concurso de novelas, ilustradas por sus autores, y habían conseguido que un joyero del barrio donara medallitas con el nombre grabado de cada uno de los participantes.
En la ceremonia de la premiación, fue prohibida la entrada de los padres y demás adultos. Los tres jurados, el maestro Oscar, una de las autoras y yo, dimos lectura al acta, que destacaba los méritos de cada uno de los trabajos. Todos fueron premiados, y cada premio recibió una ovación y una lluvia de serpentinas.
Después, el maestro me dijo que lo bueno que tiene enseñar, está en lo mucho que se aprende:
-Nos sentimos tan unidos, que me dan ganas de dejarlos a todos repetidores.
Y una de las alumnas, que había venido a Montevideo desde un pueblo perdido en los campos, se quedó charlando conmigo. Me dijo que ella, antes, no hablaba ni una palabra, y muerta de risa me dijo que el problema era que ahora no se podía callar. Y me dijo que al maestro lo quería, lo quería muuuuuuucho, porque era él quien le había enseñado lo más importante: le había enseñado a perder el miedo de equivocarse.
"Pláceme poneros un poco en guardia contra mí mismo. De
buena fe os digo cuanto me parece que puede ser más fecundo en vuestras
almas, juzgando por aquello que, a mi parecer, fue más fecundo en la
mía. Pero esta es una norma expuesta a múltiples yerros. Si la empleo es
por no haber encontrado otra mejor. Yo os pido un poco de amistad y
ese mínimo de respeto que hace posible la convivencia entre personas
durante algunas horas. Pero no me toméis demasiado en serio. Pensad que
no siempre estoy seguro de lo que digo, y que, aunque pretendo educaros,
no creo que mi educación esté mucho más avanzada que la vuestra. No es
fácil que pueda yo enseñaros a hablar, ni a escribir, ni a pensar
correctamente, porque yo soy la incorrección misma, un alma siempre en
borrador, llena de tachones, de vacilaciones y de arrepentimientos […]
Para los tiempos que vienen, no soy yo el maestro que debéis elegir,
porque de mí sólo aprenderéis lo que tal vez convenga ignorar toda la
vida: a desconfiar de vosotros mismos"
(Antonio Machado: II Prosas completas. Espasa Calpe, pp. 1932-1933)
Preguntadlo todo...Juan de Mairena. Antonio Machado
– Preguntadlo todo, como hacen los niños. ¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? ¿Por qué lo de más allá?
En España no se dialoga porque nadie pregunta, como no sea para responderse a sí mismo.
Todos queremos estar de vuelta, sin haber ido a ninguna parte. Somos esencialmente paletos. Vosotros preguntad siempre, sin que os detenga ni siquiera el aparente absurdo de vuestras interrogaciones. Veréis que el absurdo es casi siempre una especialidad de las respuestas.
No puedo aceptar que ese bien común se ponga en riesgo por la avidez de quienes no tienen otra ética que la de conseguir los mayores beneficios económicos
Como antropólogo y como andaluz, Doñana me interesa extraordinariamente. Sus especificidades geológicas, hidrológicas, de flora y de fauna, le han merecido el reconocimiento como Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad. Pero esta su situación actual de santuario de la naturaleza no hubiera sido posible si no fuera porque en su territorio se ha venido dando, a través de siglos, una especial interacción entre los factores naturales y las poblaciones del entorno: unas formas no agresivas de aprovechamiento económico y de intervención que produjeron específicas formas de vida y de culturas del trabajo y un imaginario sobre las marismas y su hábitat cargado de simbolismos, rituales y evocaciones (baste citar la aldea del Rocío y su famosa romería como un ejemplo, aunque existen muchos más).
Por ello, Doñana es hoy uno de los referentes identitarios de Andalucía como país, y no sólo de las comarcas a las que pertenece o la circundan. Doñana es Patrimonio de la Humanidad porque, antes de nada, es Patrimonio Andaluz; un bien común de los andaluces que hemos sabido mantener para goce propio y de cuantos sean sensibles con los prodigios de la Naturaleza y de la Cultura.
Por estas razones, no puedo entender, o en cualquier caso no puedo, ni quiero, aceptar, que ese bien común, ese Patrimonio de los andaluces y de la humanidad, se ponga en riesgo por la avidez de quienes no tienen otra ética que la de conseguir los mayores beneficios económicos al más corto plazo a costa de lo que sea. En este caso, a costa de Doñana.
Ya desde hace unas décadas, la complicidad explícita o la permisividad de las administraciones (estatal y de la Junta de Andalucía) vienen poniendo en peligro la continuidad del Parque (tanto del "Nacional" como del "Natural") al hacerse un uso inadecuado del acuífero y las corrientes de agua imprescindibles para mantener el humedal que constituye el corazón del mismo. El establecimiento, en su inmediata vecindad, de una agricultura intensiva que requiere un volumen muy alto de agua ha hecho multiplicarse no sólo las hectáreas de cultivo -de las que hoy nada menos que 3.000 son ilegales- sino las balsas de riego, de las que existen más de 1.700 cuando legalmente no deberían pasar de 300. El resultado, bien previsible, es que cada año hay menos agua para Doñana, por lo que la sostenibilidad de su frágil ecosistema se hace inviable.
Las actividades mineras en el entorno son otra amenaza. Hace ya casi dos décadas, el Parque pudo sufrir daños irreversibles cuando la riada de residuos tóxicos resultado de la catástrofe de la mina de Aznalcóllar estuvo a punto de entrar en él. Tras la paralización de varios años, ahora la fiebre extractivista y la demagogia política quieren abrirla otra vez, como han
abierto otras explotaciones cercanas igualmente peligrosas.
Ahora, un tercer factor, más peligroso aún que los anteriores, amenaza con destruir Doñana: la utilización de su subsuelo como almacén de gas. Esta barbaridad, que no es sólo un proyecto sino que ya está en ejecución parcial, junto con las prospecciones marinas (Plataforma Poseidón) que se están desarrollando, con muy poca publicidad, en las costas del Algarve y el Golfo de Cádiz para detectar petróleo o gas, ponen en riesgo no sólo al Parque sino a las poblaciones de un territorio mucho más extenso. Y ello, no sólo por posibles accidentes o mareas negras sino, sobre todo, por la "sismicidad inducida" que dichas actividades provocan, como señalan los Informes de los geólogos. Dicho con otras palabras, las inyecciones de gas en el subsuelo y los sistemas de prospección (fracking y otros) pueden producir movimientos sísmicos y tsunamis en una zona ya de por sí propensa a tenerlos por razones naturales, como atestigua lo ocurrido en los dos mil últimos años. El suroeste peninsular es un verdadero "polvorín sísmico", pero esto no parece importar a las multinacionales petroquímicas y gasísticas. Ellas a lo suyo, que es multiplicar sus beneficios, con la complicidad o aceptación de quienes, en las instituciones políticas, deberían ponerles freno.
Frente a esta situación, la sociedad civil está comenzando a moverse y a exigir medidas de protección integral para Doñana, que es no sólo Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad sino también Patrimonio Cultural y Bien Común de los andaluces: uno de los más importantes referentes de nuestra identidad como pueblo.
"No se trata
de que se mimetíce con ellos, pero si de
reforzarles lo que es una conducta normal a esa edad"
A cierta edad, los padres pasan de héroes a villanos, y sus
amistades cobran protagonismo. Estas son algunas ideas para acercar
generaciones y ayudarles en su propio cambio.
- Pues a María
sus padres le han dicho que puede quedarse hasta las 12. A mí nunca me dejáis
hacer nada.
Si esta frase suena a casi todos los padres, ¿no
será una herramienta de manipulación que quizá también estén utilizando en su
casa?. La respuesta más común es - lo que los padres de tus amigas hagan o dejen de
hacer no es mi problema; en esta casa tenemos unas normas y se cumplen.
Lo cierto es que
la relación amistosa de nuestros hijos a veces nos distancia de ellos, y no
por las personas con las que se juntan, sino por cómo gestionamos la situación.
Llega un momento en la vida
de nuestros hijos en el que pasamos de ser héroes a convertirnos en villanos.
Hasta los lo
u 11 años, los padres son un
referente y un modelo a seguir. Pero en la edad de la adolescencia, los
progenitores pierden valor y los amigos se vuelven el pilar de sus vidas. De
nada servirá que tenga celos o se sienta desplazado. Los adolescentes deben
pasar por esta etapa como lo hizo usted en su momento. La obligación como
padres es apoyar, tener calma y mucho sentido común.
COMUNIÓN ENTRE IGUALES
"Solo dos legados
duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro,
alas" (Hodding Carter)
¿Por qué son tan atractivos
los amigos y los padres dejan de serlo? La comunicación es un pilar fundamental en esta
edad. Los padres solemos preguntar y buscar información sobre lo que nos
interesa a nosotros como padres, pero no siempre coincide con lo que les apasiona a ellos.
Los adolescentes conversan sobre música, novios, ropa y lo que está de moda, de
las clases y profesores que les tienen manía, las aficiones que comparten, las nuevas
tecnologías, etcétera. En cambio, a los padres nos gusta saber qué hacen en el
colegio, cómo les va en una asignatura concreta y les aconsejamos sobre una
amiga que no nos termina de gustar. Si queremos mejorar la comunicación, tendremos que
hablarles de lo que a ellos les atrae. Si queremos confianza,
tendremos además que compartir confidencias, como "a mí a tu edad también me gustaba una
música diferente a la de mis padres... ¡y me encantaba la
ropa!". A la mayoría de los padres, las conversaciones que los
hijos mantienen con los amigos les parecen una soberana tontería y piensan que
son superficiales. Mientras mantenga esta actitud, sus hijos estarán más lejos
que cerca. Trate de ponerse en su lugar y haga un poco de memoria.
No se trata de
que se mimetice con ellos, pero sí de reforzarles lo que es una conducta normal
a esa edad: "Estás preciosa con esa
camiseta", "la música que escuchas es muy alegre, dan ganas de bailar".
No podemos reforzar solo lo que para nosotros es importante, como un notable.
Se trata de que se acerque a su hijo y él sienta que le comprende y que su estilo de vida no es
rechazado en casa.
Los adolescentes poseen un gran sentimiento de
pertenencia, están en un grupo con el que se identifican y hacen por ser
aceptados. Con los amigos se sienten comprendidos. Los cambios hormonales,
emocionales y físicos son comunes y se perciben como iguales... y se apoyan de
forma incondicional. En el grupo no existen comentarios del tipo "qué
tontería estás diciendo... los adolescentes siempre estáis en las nubes... menudas
chorradas hacéis a esta edad".
CÓMO ACTUAR .
"Si
usted quiere que sus hijos tengan los pies sobre la tierra, colóqueles
responsabilidad sobre los hombros" (Abigail van Buren)
No hay mejor medicina que la prevención.
¿Cómo debemos actuar con ellos?
- Trate de mantener una comunicación en la que puedan
expresarse sin sentirse etiquetados ni juzgados. La mejor manera de
conocer qué hacen y con quién salen sus hijos es invitar a los amigos a casa,
cenar con ellos, prepararles un plan atractivo. Observe cómo se relaciona su
hijo con los amigos, el papel que asume. Será muy difícil que le acepte si a la
primera de cambio hace juicios de valor del tipo "qué horror, pero si es aburridísimo... ¿y
así vas a salir?".
- Paciencia. Con los gritos y las imposiciones
continuas generamos un distanciamiento. Mantenga la calma. Dé tiempo a que
reflexione, experimente y se equivoque (en lo que sea posible). Permita que
piense por sí mismo, no le dé todo hecho, ni siquiera las ideas.
- Dé lo mismo que espera recibir de él. Si
quiere transparencia, sea transparente; si quiere franqueza, no le mienta, y
si quiere confianza... cuéntele usted también sus cosas en la medida que se puedan
contar. Trate de tener una comunicación bidireccional.
- Permita que tenga autonomía. Deje que se
responsabilice y tome decisiones. Cuando los adolescentes empiezan a hacer
cosas solos, cometen errores. Si machacamos cada fallo, además de hundirles la
autoestima, les generamos miedo a lo nuevo. El fracaso y el error forman parte
del aprendizaje.
- Negocie lo que sí es negociable
y no siente precedentes con lo que no lo es.
- Cuide el entorno en el que se mueve su hijo y las
actividades que realiza. Llévele a lugares en los que usted conozca
a la gente con la que se relaciona, anímele para que practique deporte. Los adolescentes
y los medio-adultos que compiten el fin de semana en un torneo deportivo evitan
salir por la noche para poder ir descansados. Introduzca actividades alternativas
a "la noche". El deporte crea un ambiente sano, de compañerismo y
amistad y los aleja del consumo de tabaco y de trasnochar.
Consejos para promover que
sus hijos mantengan amistades sanas y respetuosas:
- Con los amigos es importante mantener el respeto y las
buenas maneras. Significa que no se pueden insultar, chantajear ni
humillar. Si algún amigo actúa así, lo correcto es decir "no me levantes
la voz... o no me insultes", darse la vuelta e irse sin dar
opción a otro agravio. Los niños no pueden acostumbrarse a ser humillados ni
permitir que los demás consigan lo que quieren con este tipo de
comportamientos.
- Transmítales que no se habla mal de otros, eso incluye
la fea práctica de "los cotilleos". Casi siempre son inciertos y
hacen mucho daño. Cuando alguien venga con un cotilleo, hay que responder "lo siento, no me
interesa".
- Otra norma es no comentar secretos de los
amigos ni contar confidencias a las personas que no son de confianza. Cuando
se nos escapan los secretos, perdemos la confianza de lo amigos.
- Incúlqueles el valor de
respetarse a sí mismos. No se suplica el cariño ni la amistad de
nadie que no la quiera dar. Tienen que saber que la amistad no tiene precio,
que es algo sin condiciones y nadie puede ponerles normas para ser su amigo y
mucho menos exigirles que dejen de ser amigos de otras personas importantes
para ellos.
- Los amigos deben concentrarse en hablar de lo
que los une, no de lo que los separa.
Transmítales el valor del
bien y de ser consecuentes con la escala de valores en la que les ha educado. Y
que recuerden siempre: no deben hacer cosas ni mantener conversaciones de las
que luego se puedan arrepentir. Practique la paciencia y el control de los
impulsos con sus hijos, que piensen las cosas antes de hacerlas y valoren las
consecuencias.
CON
BUENAS MANERAS
1. LA
PELÍCULA
-Los chicos
están bien; de Lisa Cholodenko, con Julianne Moore
y Annette Bening.
2. LA FRASE
- "Un
padre es un tesoro, un hermano es un consuelo; un amigo es ambos'Benjamin Franklin.
Los niños de hoy son víctimas de una nueva epidemia de sobreprotección que les impide ser autónomos y les hace frágiles
Si usted carga con las mochilas de sus hijos en cuanto salen del colegio, ¡cuidado!, podría entrar dentro una nueva categoría: los hiperpadres, temidos por maestros y pedagogos, que organizan hasta el último detalle de las vidas de sus hijos y no les dan opciones para valerse por si mismos.
Pero, además del pequeño detalle de la mochila, ¿cómo reconocer si formamos parte de ese grupo? La periodista Eva Millet lo define perfectamente en su último libro: los hiperpadres hablan en plural cuando se refieren a las cosas de sus hijos («hoy tenemos examen de matemáticas»), están obsesionados con que reciban la mejor educación (a poder ser, precozmente) en el mejor colegio o universidad, discuten constantemente las posiciones de maestros y entrenadores, planean numerosas actividades extraescolares y, sin embargo, no permiten que sus hijos participen en las tareas de la casa ni asuman obligaciones básicas como hacerse la cama o poner la mesa.
Padres mayordomos
Son padres que ejercen de chóferes, entrenadores, guardaespaldas, profesores particulares y mayordomos... en resumen: estresados, que acaban criando hijos agobiados que crecen incapacitados por exceso de protección. Las causas, según explica el experto Carl Honoré en el libro, pueden buscarse en la «tormenta perfecta en la que intervienen la globalización y un aumento de competencia que, unidos a la inseguridad cada vez mayor en los lugares de trabajo, nos han hecho más ansiosos respecto a preparar a nuestros hijos para la vida adulta». En resumen: «hoy queremos dientes perfectos, un cuerpo perfecto, las vacaciones y la casa perfecta y, obviamente, los niños perfectos para completar el cuadro». A esto hay que sumar el estrés del estilo de vida que nos han impuesto, que transmitimos a nuestros hijos con ese omnipresente «¡corre!» que nos persigue sin descanso y hace que, como explica la pedagoga Cristina Gutiérrez Lestón, «toda esta falta de tiempo y de espacio para 'ser' genere una serie de carencias emocionales en muchos niños y niñas, que no saben desenvolverse en un grupo de gente. Se sienten débiles y con un montón de miedos».
La conclusión, aseguran, es preocupante: tal vez estemos criando la generación más frágil e insegura de la historia», lo que para Gregorio Luri, filósofo y pedagogo, debería hacernos pensar que, ante todo, los niños necesitan unos padres relajados. «Es un derecho de la infancia», asegura.
Por dónde empiezo
A pesar de la alarma, el panorama tiene solución. El camino a seguir se llama underparenting, o, en otras palabras, hacerles menos caso a los hijos. ¿Y cómo se hace eso? La experta propone en el libro algunas claves para poder empezar,que comienzan, otra vez, con la mochila. «Usted no ha de cargar por sistema con sus cosas. Parece una nimiedad, pero que carguen ellos con su mochila es una forma efectiva de educar la responsabilidad».
También sugiere que no se les permita a los niños interrumpir las conversaciones, y que no les preguntemos sistemáticamente todo (desde qué quiere comer hasta qué medicamento prefiere tomarse para la fiebre). La línea a seguir se define como «sana desatención», sin anticipar todo tipo de contratiempos ni pasarse el día alrededor de los niños para intervenir a la mínima de cambio. En la lista de recomendaciones se incluyen otras muy curiosas y concretas, como la de no hablar en plural o no pasarse el día colgando fotos de los hijos en las redes sociales. «Esta avalancha, no solo esta consiguiendo matar la espontaneidad infantil, sino también crear pequeños narcisos».
Otro aspecto importante es el de la educación. Aquí la experta es clara: «la educación no consiste solamente en adquirir títulos (). Que su hijo o hija sean capaces de dar las gracias y de encajar una frustración es también parte fundamental de su formación». Es importante, además, no interferir demasiado en las decisiones del colegio e intentar que el niño aprenda a asumir sus propios errores.
Relájense, sin miedo
Pero ¿qué es lo que nos impide soltar a nuestros hijos de la mano? ¿por qué los sobreprotegemos hasta rozar muchas veces el ridículo? Pues algo tan humano como el miedo. «Miedo a equivocarnos -explica la autora-. A decirles «no». A traumatizarlos. A o darles todo lo que consideramos que se merecen. A no conseguir que sean felices. A que sufran. Incluso a no conseguir esos hijos perfectos que parece que hoy todos hemos de tener». La receta para superarlo es relajarse, y disfrutar de ser padres, para que también ellos disfruten de ser hijos. «Mi consejo es que sean afectuosos con sus hijos, que estén con ellos cuando lo necesiten pero no encima de ellos todo el día. Que no se pongan nerviosos porque el hijo del vecino esté aprendiendo chino y, según sus padres, sea una criatura rayana a la perfección». Hay que decir no, exigirles que colaboren y también «decirles que les queremos, pero que ello no equivale a que tengan una serie de derechos adquiridos, ni sobre ustedes ni sobre el resto del mundo»