miércoles, 8 de octubre de 2008

Reflexiones sobre la Adolescencia


Es sin lugar a dudas la etapa de la adolescencia una época singular en la vida de toda persona, ya antes lo era y en la actualidad en la denominada postmodernidad, lo continúa siendo, solo que cada vez que avanza esta sociedad parece ser que los problemas de nuestros adolescentes son cada vez más diversos y complejos.

A cualquier persona que se le pregunte sobre la etapa adolescente, sea de la generación que sea, soltará algún comentario tal como, “la típica edad del pavo”, “a esa edad se vuelven insoportables”, “todo se les vuelve problemático a los jóvenes”, etc…

Pues bien, realmente el perfil de los adolescentes siempre ha venido marcado por un profundo aroma a “problemas”. Es una etapa de cambios, por un lado de cambios físicos y hormonales, éstos son inevitables y a pesar de que se suelen achacar al típico vecinito que no para de molestar, han sido sufridos por cada una de las generaciones desde que la cebada se utiliza para obtener cerveza.

Dichos cambios físicos acompañan a una etapa en la vida de las personas en que se empiezan a vivir otras experiencias, a veces traumáticas, queremos ser adultos y algunos hasta se lo creen, se nos obliga a asumir ciertas responsabilidades, estamos en edad de merecer y de trabajar, aparecen apetitos hasta la fecha desconocidos como el sexo, necesitamos más que nunca sentirnos admitidos y comprendidos.

Desde la sociedad se viene criticando muy duramente la nueva generación de jóvenes que, entre todos, estamos creando, porque a fin de cuentas no podemos olvidar que nuestros/as hijos/as son producto de todo lo que les rodea.

Se les acusa de vagos, desmotivados, maleducados, violentos, individualistas, gastadores compulsivos, despreocupados de la vida social y política, borrachos, vividores, y un largo etcétera.

Y no es que solo se les acuse, sino que además muchos de ellos mismos se reconocen y definen como egoístas y consumistas.

No cabe duda que la situación que se nos viene encima es preocupante, cada generación que viene, tiene la sensación de que la que le sigue detrás aun es peor, más conflictiva, más violenta, en resumen, más problemática.

Se les acusa de no valorar el esfuerzo, no tener consciencia de lo que cuesta ganar las cosas, que todo lo que se tiene proviene del cielo, y no del esfuerzo de alguien al que llaman “Papa”. Nuestros abuelos e inclusos muchos padres y madres de hoy, hablan de generación de consentidos, de mimados, de despreocupados, de egoístas… sin darse cuenta que han sido ellos mismos los que los convirtieron en lo que son, aunque cuando se les tilda de lo anterior, es muy fácil recurrir al “no quiero que mi hijo pase por lo que yo he pasado” u otra perla como “quiero que tenga todo lo que yo no pude tener”.

Otra característica que identifica el perfil adolescente, y social en general, es la violencia y conductas delictivas que poco a poco van dejando de ser monopolio de la marginalidad y la adultez, para convertirse en realidades de la denominada “clase media”. No en vano los centros de menores se encuentran a rebosar y cada vez es más común ver en ellos a hijos de universitarios y de padres acomodados, lo cual nos debería hacer reflexionar a todos y analizar fervientemente las posibles causas, pues al fin y al cabo que un joven sin nada en la vida se preste a robar o asaltar tendría cierta explicación, ahora bien, un joven acomodado, con todo lo que necesita y con un potencial futuro prometedor, ¿qué es lo que le impulsa a realizar este tipo de prácticas?

Así pues, mientras los padres y madres echan la culpa de lo que son sus adolescentes al colegio o a la sociedad, los educadores hacen lo mismo pero al revés, y entre tanta culpa, nos olvidamos al final de lo importante, solucionar lo que nos ataña.
Los adolescentes, desde siempre, sienten la necesidad vital de empezar a definirse como individuos al marguen del grupo, de destacar, y reconocerse a sí mismos, desvinculándose de lo que les ahoga o controla, es decir, la familia.

Es una época de rompimiento, de despegue de los brazos de mamá y papá, ya no queremos que nos acompañe al colegio, ni que venga con nosotros a comprar ropa, ni en general, hacer nada de lo que él me diga o piense, y si no quiere que me haga un tatuaje, aunque a mi no me acabe de gustar, pues me lo hago y así de paso le dejo claro que soy lo suficientemente capaz de tomar mis propias decisiones, eso sí, “súbeme la paga papi”.

Son pues momentos de definición de la personalidad de cada uno, por lo que se vuelve cada vez más importante lo que piense mi amigo o lo que “mole” porque sale en la tele y todos creen que es “guay”.

Pero los jóvenes actuales poseen grandes diferencias con respecto a los de generaciones anteriores. Nuestros padres, en pleno régimen franquista, sentían la opresión civil, debían trabajar para ayudar en casa pues era época de pobreza, no tenían la ocasión de ser bombardeados por imágenes continuas que le decían que si no tenía esto o lo otro sería un desgraciado, estaban acostumbrados a tener poco y por lo tanto el recibir algo, por el simple hecho de ser novedoso, era motivo de felicidad y alegría.

Hoy en día los jóvenes, con sus mismas hormonas y acné, lo tienen todo, desde pequeños gozan de privilegios antes insospechados, a los 10 años empiezan a dar patadas a un balón con unos botines que valen 100 euros, y el que se rompan no es un problema, porque ya vendrán otros incluso más “chulos”.

Muchos padres envían el educativo mensaje a sus hijos del valor de las cosas y la responsabilidad, comprándoles una motito a su hijo quinceañero por suspender solo cinco asignaturas, y cuando además la destroza porque se le cruzó “una estúpida vieja” mientras él hacía un caballito, a la semana siguiente, ya tiene otra en la puerta esperándole, no vaya a ser que le pase algo al pobrecito andando.

Así pues, se horrorizan muchos padres y madres de que sus hijos/as sean unos derrochadores, consumistas, vividores…

Pero claro, la sociedad es muy exigente, excluyente además de crítica con la juventud. Esa misma sociedad que les enseñó, por otro lado, a ser como son.

Nuestros jóvenes, ya sean universitarios, “modulistas” o trabajadores, son unos vagos, unos comodones, unos tele-adictos, que en su vida sabrán escribir sin faltas de ortografía, y que piensan que un libro solo se puede encontrar en un museo datando de allá por el siglo XIX.

La juventud de la postmodernidad vive en un mundo de imágenes, de sonidos, de ordenadores, de teléfonos móviles, de televisión, de nuevas tecnologías en resumen, que han hecho que desde niños todo les llegue masticadito, ya transformado, interpretado, no han tenido que trabajar con la información que les llegaba, no escriben una carta, mandan un sms, no quedan por las tardes con sus amigos, chatean a través del Messenger, para qué leer un libro sobre los tigres si puedo ver un documental chulísimo en la tele, para que perder horas y horas con la lectura interminable de “El señor de los anillos”, si dentro de poco me lo echarán en el cine en cómodos capítulos…

Preocupa cada vez más la relación alcohol – diversión que tienen nuestros jóvenes, parece ser que un fin de semana está asimilado a borrachera y llegar a casa lo más tarde posible, sobre todo cuando mi padre me pone tope de llegada, porque en esos casos, aunque uno esté más aburrido que una ostra y quedándose dormido por las paredes, aguanta lo indecible para llegar más tarde y hacer una vez más muestra a mi padre de quien manda aquí.

Aun así, la sociedad sigue haciendo gala de su hipocresía cuando tilda a los adolescentes de alcohólicos o de no saber disfrutar de otra manera. Pues claro, cuando un grupo de jóvenes queda en una plaza para tomarse una cerveza por la noche son lo que son, y quizás muchos no se dan cuenta de que se limitan a copiar lo que han vivido.

Desde el principio de los tiempos, toda fiesta o celebración o reunión ha estado ligada al alcohol, solo que la que hacen los adultos está bien, y la de los jóvenes no, porque claro, a la Feria se va a ver lo caballitos pasar, y en las romerías a acompañar a la Virgen y en las celebraciones típicas de los pueblos las degustaciones se conjugan con agua mineral del manantial del río más cercano.

Lo que debería preocuparnos en este sentido son otras actitudes más relacionadas con el exceso, con la responsabilidad ética y moral de limpiar lo que uno ensucia, que no se escuchara “para eso están los de la limpieza”, que una fiesta no tuviera que acabar tantas veces en una pelea, actitudes marcadas por una educación errónea, por la falta de valores de muchos de los jóvenes postmodernistas.

Al escuchar otras opiniones en relación a la juventud del S. XXI, es muy característico, sobre todo por lo llamativo que resulta, la dificultad que encuentran los jóvenes de hoy para abandonar el nido paterno, mezcla unas veces de comodidad, otras de imposibilidad por no encontrar trabajo u otras en las que teniendo incluso trabajo el elevado precio del ladrillo unido a la precariedad de los salarios dificultan y apagan las ganas que pudieran existir en los jóvenes de volar solos.

Ésta es, sin duda, la razón de mayor peso que conlleva la denominada eternización de la juventud o adolescencia, obteniendo como resultado una gran cantidad de pseudos-adultos en la sociedad actual.

Evidentemente, la gran suma de los casos de éstos jóvenes están en el lado de los “acomodados”, son independientes, se sienten dueños y señores de sus vidas, y es lógico pues muchos de ellos superan los 30, pero viven en una pensión ideal, comida y dormitorio gratis, o muy baratito vamos, sin explicaciones, sin horas de recepción, y por supuesto, con un ambiente muy familiar, vamos como campaña publicitaria para un motel vendría de perlas.

Y claro está, si están trabajando, mientras esto sucede, llenan las arcas, de forma que si algún día se animan a dar el salto pueden hacerlo con un respaldo económico detrás, algo que por otro lado resulta vital en estos tiempos para no hipotecarse a 100 años.

Y es que realmente es cierto, la juventud de hoy en día es muy conservadora, individualista y protegida en exceso por los amplios brazos de los padres y madres, lo que genera a la postre miedos a enfrentarse a lo que sería una vida en solitario, sin financiación, y es que debe ser muy duro estar viviendo sin dar palo al agua (sobre todo en algunos casos) y tener todo lo que sale de mi boquita, para decidir que de repente, como me quiero emancipar (palabra próxima a desaparecer del vocabulario juvenil), ya no voy a poder disfrutar de todo lo que quiero, es más, voy a tener que estar haciendo milagro tras milagro para llegar a fin de mes.

A grandes rasgos hemos definido ciertas características críticas del perfil adolescente, unas de culpabilidad más directa y otras más indirectas, pero ha de quedar claro que en la gran mayoría de ellas, es una mezcla de responsabilidades, los cambios familiares y el consecuente tiempo que pasan sin miembro parental nuestros hijos/as, influye sobremanera en sus problemas, su individualismo, su falta de comunicación con la familia, su sentimiento de incomprensión, su necesidad de llamar la atención de diferentes maneras…

Pero resultaría demasiado generalista, crítico y simple quedarse con lo negativo de la juventud, o al menos de una parte de ella, pues dentro de los jóvenes existe muchísima diversidad, y también nos encontramos con muchas personas con ideales claros, interesados con lo que ocurre a su alrededor, comprometidos y críticos con lo que la sociedad ofrece y exige.

Los jóvenes, sobre todo la comunidad universitaria, suele estar relacionada con la realidad social que la envuelve, y suele alzar la voz y opinar ante actos que a su parecer resultan injustos o intolerables.

Así se la ha visto movilizarse en actos como la repulsa ante la Guerra de Irak, o las leyes de educación, por citar algunas de las últimas ocurridas.

Pero también es cierto que adolece de unidad y de fuerza, la juventud está en muchos aspectos dividida y sin ideales comunes, por lo que nunca acaba de ser un movimiento masivo que consiga grandes objetivos que muchas de estas mentes jóvenes piensan y traman.

Y sobre todo, esto se debe a que desde pequeños, las nuevas generaciones han tenido todo y casi todo lo que han deseado, y prácticamente nunca han necesitado hacer fuerza o trabajar duro para conseguir derechos o libertades, como ocurriera con la juventud de la posguerra por ejemplo.

Es una juventud conformista, adaptada a lo que le viene y no preocupada ni unida por cambiar los aspectos de la vida que le son adversos, cuna donde residen gran parte de los problemas que la ahogan, como la precariedad e inestabilidad laboral sin ir más lejos.

Álvaro Oliver

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola amigo me peudes mandar mas informacion me ineteresa este tema esoty pensando hacer un ministerio de adolescente sy la verdad necesito informarme acerca mas de esto mi msn es este pol_libra182@hotmail.com por fa te agardeceria mucho ke dios te bendiga

Lina Hernandez dijo...

Hola
Mi interés por el tema es por que llevo tutorias con alumnos del nivel bachillerato, y estoy en una búsqueda constante con lo que pueda ayudar a mi grupo.
felicidades por estos temas.

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